NECTARINA: LA RICA COMBINACIÓN

De las grandes mezclas nos vienen las mejores cosas.

Se dice que la nectarina resulta de una cruza (injerto, en términos botánicos) entre la ciruela y el durazno. Siendo mas bien parecida al durazno, la diferencia mas relevante entre ambas es que la nectarina no tiene una piel con vello, característica muy útil para ciertas personas ultra sensibles a ciertos tipos de comida.

Trasladándonos a terrenos mas cercanos: aunque muchos residentes de nuestro país dicen sentirse íntimamente relacionados con las razas ancestrales de los pueblos autóctonos, al mismo tiempo que rechazan con desdén las “imposiciones” de los conquistadores europeos (cultura, religión, y hasta el color de la piel), lo cierto es que nuestra nación Mexicana no puede entenderse del todo sin primero entender ese mestizaje al cual se le debe el surgimiento de ésta gran nación. No somos resultado de un vasallaje que nos doblegó y nos hizo sumisos. Somos resultado del encuentro de dos pueblos que dió a luz tantas cosas positivas que amamos ahora en éste territorio que llamamos México.

Nuestro arte marcial predilecto observa una historia similar. Si bien su orígen directo se localiza en Corea, podríamos analizar un poco mas su historia para encontrar grandes puntos de unión con otras expresiones marciales en el oriente. Tradicionalmente, y de acuerdo a lo que nos han dejado de herencia textual nuestros grandes maestros, se asocia al Tang Soo Do con el arte marcial coreano Subak, practicado desde la antigüedad en los tres grandes reinos de Corea: Silla, Koguryo y Baekje. Con el tiempo (probablemente el siglo XIV), el arte Subak se convirtió en el también reconocido arte Taekkyeon.

Ésa es la herencia que tenemos a través de nuestro arte marcial. Sin embargo, sirve de muy poco ignorar lo que es evidente: que también, gracias al cruce de culturas -en ocasiones obligado por las circunstancias- hemos experimentado una conjunción de expresiones marciales que nos han dejado lo mejor de varios mundos.

El gran maestro Hwang Kee (siempre nombrado por KJN Jae Chul Shin como su instructor1: “Mi instructor es el Gran Maestro Hwang Kee”), quien probablemente puede ser nombrado como uno de los responsables de la organización del Tang Soo Do en la época moderna, dió sus primeros pasos en las artes marciales, precisamente, en los milenarios Taekkyeon y Subak, aún a pesar de contar con una prohibición explícita del gobierno japonés en su momento (quien mantenía un control estricto sobre la recién conquistada república de Corea). Sin embargo, precisamente después de haber logrado escapar de las autoridades se vió obligado a refugiarse en Manchuria, China a manera de protección. Como él mismo cuenta, ahí tuvo un contacto estrecho con las artes marciales chinas. A su regreso a Corea, y aún bajo dominación japonesa, se mostró interesado en las artes marciales de Okinawa, conocidas simplemente como kara-te (mano vacía). No teniendo otra forma de aprehenderlas, salvo por un libro, extrajo lo mejor de ellas para conjuntarlas en su propio estilo, el que a la postre llamó Tang Soo Do.

Si bien es innegable la influencia del kara-te de Okinawa en nuestro arte marcial predilecto (principalmente en las Hyungs), es indudable también el espíritu de las artes marciales ancestrales chinas y –obviamente- coreanas en él. Los resultados son evidentes: mientras que en el karate-do se observa una tendencia a los movimientos cortos y rápidos, en el Tang Soo Do se tienen movimientos mas largos, en ocasiones incluso circulares, reflejando la tradición de sus orígenes coreanos y chinos.

Probablemente dentro de las aportaciones coreanas mas evidentes al Tang Soo Do, una de ellas se encuentra dentro de los códigos del Tang Soo Do. Siendo Corea un país intermedio entre las siempre grandes potencias China y Japón, siempre se ha visto amenazado por éstas, a tal grado de temer perder su propia identidad. Es por eso -tal vez- que aquellos grandes jóvenes Hwarang nos heredaron éste primer y gran código: LEALTAD A LA PATRIA. Antes de cualquier práctica de defensa ante los adversarios, fué necesario establecer la lealtad de quienes defenderían su propio lugar.

Estoy seguro de que, en la medida en que logremos reconocer los legados de los antepasados, podremos igualmente alimentarnos de toda la riqueza que nos han dejado a la mesa.

Tang Soo!

1Black Belt Magazine, Vol. 37, No. 12 – Dic. 1999 – Página 50

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