Tang Soo Do, un arte de vida

Para una persona pacifista, el término “artes marciales” resulta generalmente, y dicho aAncient TSD lo menos, poco atractivo. No ha sido una, sino varias veces, en las que aún dentro de mi carácter neófito en el tema, he tenido que explicar a lo que se refiere el término. No se trata, definitivamente, y en base a mi experiencia personal, de lo primero que viene a la mente, y menos cuando se habla sobre el arte del Tang Soo Do (당수도 / 唐手道).

El diccionario de la Real Academia Española no ayuda mucho. Cito la definición:

artes marciales.

1. f. pl. Conjunto de antiguas técnicas de lucha de Extremo Oriente, que hoy se practican como deporte.

Además de lo vacuo de la definición, agrega, irremediablemente: “…que hoy se practican como deporte”. Una generalización muy lamentable.

En los siguientes párrafos intentaré hacer una aportación desde mi punto de vista muy personal, enfocándome en mi experiencia en uno de los artes marciales tradicionales de Corea: Tang Soo Do.

Habiendo tenido la oportunidad de contar con un estudio cercano a mi hogar, fué relativamente sencillo iniciarme en éste arte. Solo tenía que asistir por las tardes, y listo. Para un niño de 12 años, con ligeros problemas de sobrepeso, resultaba atractivo aprender las técnicas que se asimilaban a la de algunos de nuestros mas admirados héroes de la cinematografía: Bruce Lee y Jackie Chan. El obtener agilidad y fortaleza en brazos y piernas ya era un beneficio extra no esperado.

Sin embargo -sin percibirlo- algunos cambios venían en el paquete.

Poco a poco, me fuí adentrando en toda una filosofía ya no solo de combate (como de inicio parecía), sino de vida. A fuerza de repetirlos todos los días, los cinco códigos del Tang Soo Do se insertaron poco a poco en mi forma de practicar el día a día:

Lealtad a la patria
Obediencia a nuestros padres
Honrar a la amistad
No retirarse de la batalla
Durante cualquier pelea, tener razonamiento y honor

El entender que la práctica diaria de éstos códigos me llevaba a mejorar mi propio entorno social y familiar fué un suceso gradual. Un tiempo después de haber iniciado mi entrenamiento, me percaté que éstos códigos marcaban el paso de lo que yo debía aplicar en mi vida diaria. Por supuesto, no intento decir que en aquel entonces logré yo mismo alcanzar el grado idóneo en mi persona, ni lo puedo decir ahora. Es algo que define mi meta; es mi grado buscado de perfección, al cual -y como he aprendido también recientemente- tal vez nunca llegue, pero del mismo modo nunca dejaré de perseguirlo al saber que existe.

Teniendo ahora hijos con los cuales puedo compartir lo mucho que significó para mi la práctica del Tang Soo Do, parece haber llegado en el mejor momento la oportunidad de inscribir a los mas grandes en la escuela Ryun Ma (a la pequeña le llegará tal vez su mejor momento, espero). Es aún prematuro poder observar mi propia experiencia en ellos, y tal vez se manifieste de una manera diferente, pero estoy seguro que los mismos frutos podré observar con el tiempo, para su propio beneficio.

Yo mismo, después de años de anhelar el poder practicar de nuevo éste arte, no podía desaprovechar la oportunidad que tenía sobre la mesa para hacerlo. El beneficio es doble: además de poder recordar, mas allá de la mera nostalgia, la gran experiencia de las artes marciales, me ha dado el espacio para compartirlo con mis propios hijos. Tenemos ahora un punto mas de encuentro sobre el cual podemos no solo conversar, sino poner en práctica.

La palabra “arte” es definida por la Real Academia Española como Virtud, disposición y habilidad para hacer algo”. Se deriva del latín “ars, artis”, y éste a su vez del griego “τέχνη” (pronunciado actualmente como jni). Éste término filosófico se refiere al conocimiento de principios para fabricar o hacer algo1. Si bien el término “marcial” lleva asociado lo relativo a la guerra, ésto es debido a las características mas evidentes de las artes marciales. Pero cuando se observa mas de cerca, se perciben aspectos mas trascendentes.

Tang Soo Do es mucho mas que ejercicio y activación física. Mas que elasticidad y fortaleza en piernas y brazos. Mas que golpes y patadas. Mucho, mucho mas que trofeos y medallas. En definitiva, mucho mas que solo un “conjunto de técnicas antiguas de lucha, hoy practicadas como deporte”.

En mi humilde opinión, es el Tang Soo Do la “virtud, disposición y habilidad” para armonizar el cuerpo y la mente en torno a objetivos superiores: dominar el uso de técnicas de combate para dominarse a uno mismo. Perseverar en la disciplina para lograr avanzar. Concentrarse en torno a las metas fijadas. Respetar y obedecer a los que tienen un paso mas adelante, en el entendido de que se avanza mejor en grupo. Saber reconocer humildemente las debilidades y fortalezas propias. No desfallecer ante las dificultades de la vida diaria. Todo ésto sin perder de vista los valores que nos conforman como personas.

En una sociedad en la que se privilegia el hedonismo nihilista, con nefastos y evidentes resultados, creo sinceramente que la práctica de verdaderas artes marciales, y ciertamente del Tang Soo Do, puede colaborar a retomar los antiguos valores que de manera constante han forjado grandes generaciones de ciudadanos del mundo, si bien, ciertamente y de manera personal, considero al entorno espiritual como primario e indispensable para ésta función.

1“The Oxford companion to philosophy” editado por Ted Honderich, 1995. ISBN: 0198661320.

Creative Commons License

idealibre se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 2.5 Mexico

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *