Al pueblo…

El pasado domingo en Venezuela se llevó a cabo un referendo impulsado por el presidente de aquella nación, en el que se sometió a votación la aceptación o no de las reformas constitucionales que -entre otras cosas- convertirí­an al paí­s en uno de régimen socialista por constitución (no por convicción), aparte de permitir la reelección eterna del presidente, es decir, del actual. Vaya: básicamente, sustituir a Fidel.

 

Grandes multitudes festejaron cuando Hugo Chávez salió a los medios prontamente a reconocer una derrota por un punto porcentual. Varias naciones reconocieron en el mandatario su “gran valor” al enfrentar esta “derrota”. De hecho, Felipe Calderón -presidente de México- lo felicitó al decir que se requerí­a valor para aceptar una derrota, aun cuando el margen no era amplio. Es decir: te hablo Juan, para que me escuches, Pedro.

 

Sinceramente, me asusta tanta ingenuidad.

 

¿Es que alguien puede creer que realmente se aceptó la derrota? ¿Es que de verás será que la elección fue tan pulcra que el resultado fue ese?

 

Ya hay quien dice: “”Tras conocerse los resultados de las elecciones Chávez demuestra ser más demócrata que sus adversarios, porque fue Chávez quien presentó ante el Congreso sus reformas, fue Chávez quien permitió que la gente la enriqueciera, fue Chávez quien auspició el debate en todo el paí­s, fue Chávez quien convocó las elecciones, y finalmente, fue Chávez quien reconoció su derrota ante el paí­s y el mundo”.í 

 

Resulta que el teatro le queda armado. Ahora es todo un campeón de la democracia, asumiendo una actitud de estadista respetuoso del pueblo. ¿Será? ¿No será mas bien un circo, para lograr acallar las voces que cada vez mas se levantan contra el?

 

No lo sé. No soy venezolano, asi que tal vez hablo de mas. Es solo mi impresión.

 

Pan y circo.

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