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Santander y la ética

Hace un año o mas recibí­ una llamada de un ejecutivo del banco Santander Serfí­n, ofreciéndome uno de tantos productos financieros. El tipo fué bastante insistente; tanto que me convenció y decidí­ adquirir la tarjeta. Solamente me dijo que me llamarí­a al dí­a siguiente para confirmar mis datos, y me proporcionó un número que solo el y yo conocerí­amos. Tuve la precaución de apuntar el número, aunque no de llevarlo conmigo.

 

Al dí­a siguiente, temprano, me llamaron de Santander para confirmar mis datos. Le pregunté a la persona con la que hablaba si era con quien habí­a hablado el dí­a anterior, y me afirmó que si. Como no llevaba el número que me habí­a proporcionado, no tuve otra mas que creerle. Se llevó a cabo todo el proceso y la llamada se terminó. Apenas colgué, y otra persona del banco se comunicó, identificándose como la persona con la que habí­a hablado el dí­a anterior. Al mencionarme todos los detalles, recordé que, en efecto, si era, y que habí­a sido ví­ctima de un timo. Un timo de parte de los mismos ejecutivos del banco citado.

 

El año pasado, para junio aproximadamente, otra llamada de Santander me molestó para ofrecerme los servicios de su famosa “Click Mexicana”, con innumerables beneficios. En esa ocasión accedí­ al trámite, digamos, por puro “trámite”, ya que sabí­a que mi puntuación en el buró de crédito no anda precisamente bien. En efecto, al mes aproximadamente me llegó una carta respuesta donde se me negaba dicho crédito. Muy bien; justo lo que esperaba.

 

Grande fue mi sorpresa al recibir hace un par de semanas una nueva llamada de otra ejecutiva de Santander, donde me mencionaba que tení­an mis datos pendientes ya que la solicitud hecha el año pasado se habí­a quedado pendiente. Aun cuando le mencioné que no estaba pendiente ya que me habí­a llegado una carta respuesta de negativa, ella me comentó que asi era, pero que fue por problemas con la división de “Serfin”, y que por eso mis datos aun permanecí­an ahi. Me indicó que era necesario que hiciera el proceso de confirmación de datos para evitar el seguir recibiendo llamadas. Le expliqué una y otra vez que ya no estaba interesado en recibir ese plástico, insistiéndome ella igualmente con que solo era para poder cerrar el proceso. Por esta razón, accedí­ a confirmar la información.

 

Solamente hasta que se terminó el proceso y colgué, tuve la idea de llamar al número 01800 de Santander para preguntar acerca de esta situación. Ahi una señorita me confirmó que, en efecto, habí­a hecho la solicitud el año pasado y que habí­a sido denegada, pero también que esto último habí­a entrado como una nueva solicitud de servicios bancarios. Hágame usted el favor.

 

Dos experiencias similares de engaño con la misma entidad. Ejecutivos sin escrúpulos buscando su cuota sin importar cuantas mentiras digan. Perros sarnosos, sin decir mas.

 

¿Cómo detener a esos infames embusteros de poca ética?

 

Ahora se está definiendo una nueva ley, que implementa un mecanismo por medio del cual las personas que NO QUIERAN recibir llamadas acerca de servicios financieros pueden registrarse en una lista para así­ quedar fuera del alcance de las aves rapaces. ¿Qué no debiera ser esto al revés? Podrí­a asegurar que mucho mas arriba del promedio de los habitantes de este paí­s no quiere recibir llamadas de publicidad (SPAM telefónico, podrí­amos decir). ¿Porqué no mejor asumir que nadie quiere recibir llamadas, y hacer una lista con los que si quieren? Es rí­diculo y absurdo.

 

Por lo pronto, un gran tache a Santander por permitir este tipo de engaños. De aqui a la CONDUSEF, a ver si a ellos le dan alguna razón.